The Ethical Slut, al fin traducido!

Miércoles, 16 julio, 2014 by

Llevo muchos años de okupa, izquierdista, etc, y un muchos entornos libertarios, la idea del amor libre se intenta, pero sin tener mucha idea de que se trata, como lo gestionamos, etc.

Despues de muchos años esperando una fuente de información fiable y completo en castellano, al final nos ha llegado la traducción de Janet Hardy y Dossie Eastin’s The Ethical Slut. QUE ALIVIO poder recomendar una lectura a l@s que no entiendan inglés.

Esto fue el impulso de este blog desde el principio. Al final lo que no he logrado por ser muy ambicioso, se ha logrado – ¡gracias, Miguel Vagalume! Ahora solo nos queda encontrar alguien dispuesto a traducir Opening Up. Pero mientras tanto se ha cubierto mucho terreno….. ¡A leer!

Felices relaciones multiples, queda jubilado este blog!

Trío en Brasil reconocido como “unión civil”

Miércoles, 29 agosto, 2012 by

Una noticia que me llego, aquí lo comparto:

http://www.clarin.com/mundo/Reconocen-amantes-union-poliafectiva-legal_0_762523982.html

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Reconocen en “unión civil” a un trío de amantes
La relación entre un hombre y dos mujeres fue reconocida como estable. Y les permitieron pactar una separación de bienes en caso de que se termine. Se basaron en que en la Constitución no existe el principio de “monogamia”.

Un hombre y dos mujeres fueron reconocidos a través de una unión como un “trío amoroso estable”, por un notario en una decisión inédita en Brasil. El caso ocurrió en la ciudad de Tupá, en el interior del estado de San Paulo, donde dejaron constancia de la “unión poliafectiva”.

Según el diario local Folha do San Pablo, el trío se unió hace tres meses, pero la noticia tomó estado público recientemente. Informaron que la notaria aceptó la declaración de situación para garantizar los derechos, ya que “no existe ningún impedimento legal”.

“Los declarantes, frente al vacío legal sobre el reconocimiento de esta unión afectiva múltiple y simultánea, intentan establecer reglas para garantías de sus derechos y deberes, pretendiendo que sean reconocidos social, económica y jurídicamente, en caso de litigios entre sí o terceros, teniendo como base el principio constitucional de igualdad”, sostiene la declaración de comunión de bienes.

La mayor experta de Brasil en temas de diversidad sexual y afectiva, María Berenice Dias, vicepresidente del Instituto Brasileño de Familia (IBDFAM), dijo que no existen problemas en asegurar derechos de una relación continua y duradera.

“El principio de monogamia no está en la Constitución, es una conducta cultural. El código civil prohíbe casamientos entre personas ya casadas. Estas personas trabajan y contribuyen y deben tener sus derechos garantizados”, afirmó.

Canciones de poliamor

Miércoles, 6 junio, 2012 by

poliamorenmexico nos han preparado este maravillosa playlist en streaming de canciones poliamorosas!

http://www.youtube.com/playlist?list=PLDEAF25AF35D4F2A8

¡que disfruten!

OpenCon Catalonia 25-27 de mayo

Sábado, 19 mayo, 2012 by

El finde hde 25-27 mayo habrá un encuentro poliamoroso internacional en Catalunya:

http://openconcatalonia.wordpress.com

Será en Can Fonsu, una masia en Galliners (un pueblo 130 km de Barcelona entre Girona y Figueres).

Taller de HAI 13-15 Abril 2012 Catalunya

Lunes, 27 febrero, 2012 by

Que emoción!

Os quería avisar de un taller de fin de semana que ocurirá en abril después de semana santa cerca de Barcelona, que imparte un grupo que se llama HAI (el Instituto de Conciencia Humana). Hacen talleres en varios países pero es la primera vez que vienen a la península o dan un taller en un país castellanoparlante. Los profes tienen mucha sabiduría sobre relaciones y comunicación y viene un equipo de más de una docena de personas de EEUU, Canadá, Inglaterra, Holanda y Alemania para ayudar a impartir este primer taller (de una serie de 8 talleres), un finde muy lindo. A mi me cambió la vida, veo el mundo con otros ojos, más generosos hacia mi mismo, y como resultado soy una persona más capacitada para amar y recibir amor.

Taller de Intimidad, Sexualidad, y Amor
13-15 Abril 2012 – Can Benet Vives (Barcelona)

HAI es una organización sin ánimo de lucro que lleva impartiendo talleres desde 1968  (más de  75,000 personas en Alemania, Australia, Canadá, Inglaterra, Japón, y EEUU han participado).  Sus facilitadores – siempre un hombre y una mujer –  son profesionales enteramente dedicados a ayudar a cada participante a sacar lo máximo de la experiencia. En el taller cuentan con la ayuda de un equipo de más de una docena de voluntários formados.

Te invitamos a un taller vivencial en el que trabajaremos una serie de temas relacionados con la sexualidad, la intimidad y el amor hacia nosotros mismos y hacia otras personas. Es un taller para arriesgarte, abrir el corazón, y volver a casa con las herramientas para continuar creciendo y cultivando relaciones que te hagan feliz.

En el taller se crea un espacio seguro y acogedor en el que realizar un trabajo profundo y transformador sobre :

  • Habilidades de comunicación
  • Las creencias “heredadas” sobre la intimidad, el amor y la sexualidad – cómo nos afectan y cómo descartar las que ya no nos sirven.
  • Barreras a la intimidad en nuestras vidas.
  • La imagen física – desafiar percepciones y juicios negativos
  • Confianza y vulnerabilidad. Cómo expresar y compartir tus sentimientos y quién eres realmente.

El taller está abierto a adultos de cualquier orientación sexual o identificación de género, tanto si estás en una relación como si no. Será bilingüe en castellano e inglés, con interpretes.

El fin de semana del 13-15 Abril 2012

El taller comienza el viernes 13 a las 20h, venir a partir de las 17h para registrarse. Acabaremos domingo 15 a la hora de cenar. Existe la posibilidad de quedarse el domingo por la noche.

Precio del taller: 225€ gastos taller + 133€ alojamiento y comida = total 358€
Devolveremos los gastos del taller si no esten contentos! Hay posibilidad de becas parciales para parados/estudiantes.

CAN BENET VIVES es unaantigua masía del siglo XIX situada en el corazón del Parc Natural del Corredor-Montnegre. Ubicado a 50 km de Barcelona entre el mar Mediterráneo (Calella de la costa) y los picos del Montseny, el lugar es maravillosamente bello y armonioso, en un entorno privilegiado y sumamente cuidado. Ofrece:
  • Sauna finlandesa con capacidad para 15 personas
  • Una piscina de unos 30 metros nutrida con agua natural
  • Caminos por los que se pueden hacer relajantes excursiones

Si te quieres directamente registrarte lo puedes hacer online en
https://docs.google.com/spreadsheet/viewform?formkey=dEtCNnMybHZFamdWZG9Lb0RNaGk3T3c6MQ

Para reservar plaza, envia 225€ – por transferencia bancaria a:

Brian Russell Krueger
1491 0001 2310 0888 6127
TRIODOS BANK, N.V., S.E.(BIC: TRIOESMMXXX)
(IBAN)  ES44 1491 0001 2310 0888 6127

O, si prefieres, puedes enviar el dinero por paypal, a spain-office@hai.org

Los 133€ de alojamiento y comida hay que pagar en el momento de llegar al taller.

Si tienes dudas o preguntas no dudes en llamarnos o escribirnos

HAI IBERIA
C/Torrent 26
Valldoreix 08197
+34 626 21 63 11 Bea (movil)
+34 644 04 96 88 Brian (movil)
+34 935 90 61 47 (pregunta por Brian)
spain-office@hai.org

http://www.facebook.com/events/183513645085582/

Una amiga nos cuenta su experiencia:

Un amigo tuvo que arrastrarme (casi literalmente) al primer taller de HAI al que fui. El título me echaba un poco para atrás…  “El amor es un milagro” puff, me sonaba a panda de hippies… Pero había visto que mi a mi amigo le habían salido varias hojas y ramas nuevas desde que había empezado con estos talleres, y había visto que había perdido mucha rigdez y era una persona más tierna y cercana… así que pensé, “bueno, voy, por curiosidad, aunque solo sea para que se calle”.   Yo era, (se nota?) una persona bastante  cínica.

Que tengo que decir sobre HAI?

Pues que yo había intentado de  todo para mover las  “piedras” que me pesaban en el alma – desde las drogas hasta el yoga pasando por la terapia y el nomadismo –  y había gastado un montón de tiempo/dinero/energía en  darme contra ellas y/o intentar ignorarlas. Y fue en este taller donde pude mirar a estas grandes cosas imposibles de mover y se convirtieron en cosas llevaderas y partes de mi historia que puedo llegar a querer por lo que me han enseñado.

Todo el yoga y el apoyo de mis amigos seguro que contribuyeron lo suyo pero esta “panda de hippies” han sido un punto de inflexión en mi camino para aceptarme, quererme, ser feliz, confiar, contribuir, ser mejor amiga y en definitiva crecer, y estoy muy feliz de haberme dado la oportunidad, y haber tenido suficiente esperanza para dejarme ir a ese primer taller.

Así que si alguien que te quiere te dice ” ve a estos talleres, son increíbles, verás que me lo vas a agradecer” hazle caso.

Y si nadie te lo dice te lo digo yo…  Ven.

La Sexualidad Hoy

Miércoles, 1 junio, 2011 by

reenviamos este articulo de Cristina Corbella. La semana que viene voy a ir a Bilbao a un taller de caricias que ella presenta, estoy todo emocionado….

LA SEXUALIDAD HOY

De la potencialidad a la realidad

Desde la Sexología, se está llegando al consenso de definir Sexualidad no como algo que tenemos, como un añadido, y, mucho menos, que tenemos sólo durante una etapa, más o menos larga, de nuestra vida, sino como una dimensión que impregna la existencia de toda persona constituyéndonos en seres sexuad@s. Es decir, no es algo que se tiene sino algo que se es. O, para ser más exactos, que se va siendo. Nos vamos haciendo sexuad@s al mismo tiempo que nos vamos haciendo personas.

Se trata de un proceso en el que se integran múltiples elementos procedentes de niveles tan distintos como el biológico, el psicológico (intelectual, emocional, etc.) y el social, cada uno de los cuales aporta una riqueza tal de variables, de matices, de posibilidades, que su combinación va a ser única en cada persona. Es decir, nuestra forma de ser, de vivirnos o de expresarnos como seres sexuad@s que somos, va a ser personal, singular, única y va a ir evolucionando y enriqueciéndose a lo largo de nuestra vida.

Evolutivamente, nuestro cuerpo está preparado para el placer, el contacto, la intimidad y la vinculación. Nuestra postura bípeda nos ha proporcionado la posibilidad de liberar las manos, ya no necesarias para trasladarnos, manos libres, con dedos que acaban en yemas sensibles y no en garras o pezuñas, manos preparadas para tocar, acariciar, abrazar… para la comunicación y el placer. La posición de los senos y de los genitales, más frontales que en otros animales, propician el encuentro de frente, vis a vis. Por otra parte, el hecho de que en la mujer no se dé el celo, sino que la ovulación sea silenciosa va a permitir una interacción más abierta, voluntaria y social y no sólo con fines reproductivos.

Un cuerpo, que desde el nacimiento viene preparado para el placer (auto o compartido) y la comunicación, con sus más de cinco mil receptores sensoriales salpicados a lo largo y ancho de más de dos metros cuadrados de piel. Una piel sin pelaje, desnuda, que forma una enorme zona erótica en la que cada cual, según su experiencia, irá descubriendo sus rincones preferidos, construyendo su propio mapa erótico, nunca definitivo.

Hermoso panorama el que nos brindan nuestras potencialidades. La realidad puede pintar uno bien diferente. Y, sin embargo, en general, no es necesaria una técnica refinada y sólo al alcance de l@s profesionales para hacerles coincidir.

Los «Cuerpos Danone»

Vamos con los ejemplos. Empecemos con la relación que tenemos con nuestro propio cuerpo. No hay duda de que ésta se va a ver condicionada por diversos factores. Uno de ellos es lo que denominamos «cuerpos danone» y no por hacer publicidad sino porque con el sólo nombre ya podemos saber a qué nos referimos: esos cuerpos de hombre o de mujer, cuerpos con las proporciones y las medidas exactas para ser considerados perfectos. Cuerpos que nos venden y que tod@s queremos comprar. Queremos ser atractiv@s y sabemos que cuanto más nos acerquemos al modelo de turno (varía en el tiempo, con las modas, ¡encima!), más cerca estaremos de conseguirlo. Toda una industria de la estética puesta a nuestro servicio para hacer realidad nuestro sueño. Y si no, ya nos ofrecerán, vía publicidad (o contra-publicidad, según a qué subcultura pertenezcamos), algo que ponernos, algo que tener, que nos haga atrayentes a pesar de no dar con la talla. Quien nos crea el problema nos ofrece la solución.

¿Cual es la factura? En primer lugar, los complejos: allí donde no somos como el modelo, zona de nuestro cuerpo que no nos gusta (el enunciado correcto sería al revés: allí donde no me gusto, zona de mi cuerpo que no coincide con el modelo). Y si no nos gusta, está muerta al placer, no existe ni para nosotr@s mism@s, ni para compartir. Y si existe es para el malestar, para crear distancia.

¿Qué hacer? ¿Resignarnos? ¿Pelear con nuestro propio cuerpo para que consiga esas anheladas medidas (aunque nos dejemos la salud y los nervios por el camino)? Si eso nos asegurara el éxito…

Sentirnos atractiv@s no depende de las medidas de nuestro cuerpo, sino de que nos sintamos a gusto en él.

Una de las condiciones para ello va a ser recuperar esas zonas muertas, hacerlas nuestras, integrarlas en nuestro cuerpo placentero. ¿Cómo? Hay un método realmente simple y, sin embargo, muy efectivo. Receta: elige una zona de tu cuerpo que no te gusta. Es importante que sea una por vez. Durante un mes, dedícale un tiempo, unos minutos, todos los días. ¿Haciendo qué? Dándole atención, una atención «cariñosa». Conoce y reconoce esa zona, no desde el juicio estético, sino desde su potencial sensibilidad. Mírala, acaríciala, siéntela desde dentro. Corta con los pensamientos que te hacen rechazarla: si vas a utilizar la sugestión, que sea a tu favor y no en contra. Es un método sencillo, aunque no fácil, como podrás comprobar si te pones a ello. Prueba y, al cabo de un mes, fíjate si las cosas han cambiado.

Los modelos estéticos también nos van a influir a la hora de establecer relaciones (acercarnos o no a quien nos resulta atractiv@, y no me refiero sólo a sexualmente atractiv@) y en el tipo de relación que vamos a establecer. Lo primero es evidente. Me decía una chica: «entro en un bar, me fijo en la gente, veo a un chico (chica) que me gusta y, lo primero es calificar. Pongamos que está muy bien y le doy un nueve. Yo me pongo un cinco, por eso de aprobarse. Conclusión: ni me acerco». ¿Y si el «nueve» hace caso al «cinco»? ¿Que tipo de relación se va a establecer? ¿De tú a tú, de personas enteras que comparten y construyen juntas esa relación? Probablemente sea una relación de dependencia, de «lo que tu quieras» con tal de retener a ese príncipe azul (princesita rosa). Es un buen sistema para asegurarnos el malestar, la baja autoestima, la degradación, el sufrimiento, etc.

Otro tipo de dependencia, no tan evidente, es el hacer depender al placer de la otra persona. Es el otro (la otra) quien te da placer. Es la trampa más sutil pero más efectiva para alienarnos no sólo de nuestro propio placer, sino de nosotr@s mism@s. Nos coloca, tanto a hombres como a mujeres, en un rol de espectador del destino que nos deparará, si hay suerte, ese «experto» o «experta» que nos haga sentir.

Volvemos a la minoría de edad, a la dependencia, al no tener ni voz ni voto.

Ser conscientes de donde colocamos el placer, si en nosotr@s mism@s o en el otro, nos va a dar una de las claves más importantes en cuanto al bienestar (sexual y personal) se refiere. Es la piedra de toque. El placer está en ti (lo que resulta fácil de descubrir cuando se realiza un trabajo vivencial pero no tanto a nivel de discurso). Colocar el placer en ti significa volver a la mayoría de edad, al protagonismo en tu vida. Tienes algo que decir, algo que aportar. Significa retomar las riendas, explorar e ir descubriendo qué te gusta, qué no, en qué momento, de qué manera. Significa saber pedir o comunicar lo que quieres, saber decir que no (ahora no, de esta manera no, esta propuesta concreta no) a lo que no. Significa hacerte cargo de tu placer, de tu responsabilidad. Significa establecer relaciones desde el tú a tú, desde el compartir y no desde el poder o la dependencia. Significa, en definitiva, irte construyendo como persona también en este área.

El modelo olímpico

Cuerpos danone o no, lo que está claro es que antes o después, gran parte de nosotr@s estableceremos relaciones sexuales. ¿Te acuerdas de la primera vez? ¿Qué edad tenías? Tomate tu tiempo.

¿Has pensado en, por ejemplo, la primera vez que esa personita por la que se derretían tus huesillos te dio un beso y volviste a casa en una nube con una sonrisa tonta (tonta porque estaba ahí sin que tú lo decidieras) que duró varios días? O, ¿has pensado en la primera vez que hubo genitales, penetración y (en el mejor de los casos) orgasmo? Pues no es casual. Este es el modelo de relación sexual al uso. Por algo se llama el acto sexual. Claro que puede ir bien adornado, pero cuando te falta algo, si no se dan algunas de estas cosas, significa que el modelo está actuando. Es decir, no es una forma más de relación entre dos personas (heterosexuales, además) sino la forma.

¿Qué implica? Por una parte centrarse (con más o menos rodeo) en unos pocos centímetros del cuerpo, los genitales, dejando de lado, todo el potencial erótico del resto. Con el agravante de que, por nuestra cultura y educación, puede ser una zona bastante desconocida, sobre todo en las mujeres. Damos el papel protagonista de nuestra película a un actor desconocido del que no tenemos la certeza de cómo va a reaccionar. Reintegrar todo nuestro cuerpo, explorando sus posibilidades (que, si es mutuo, puede ser un juego muy placentero), incluir todos los sentidos ¿has probado a olerle de arriba abajo, después de una ducha? ¿Y a ser olid@?), conocer, explorar, mirar los propios genitales, puede ser una manera de romper con esa estrecha carretera.

Que la práctica reina sea la penetración puede llevar a que si, por la razón que sea, no se da una erección, «ya no se puede hacer nada» ¿Nada?

En cuanto a la mujer, la sola penetración no garantiza que pueda llegar al orgasmo (lo que no quiere decir que no sea placentera, claro). Según los últimos estudios realizados en el estado español por el profesor Carrobles, sólo el 25% de las mujeres llegan al orgasmo por la penetración exclusivamente. Es decir, «lo normal» es no llegar al orgasmo por esta práctica a menos que se incluya otro tipo de estimulación. Me parece un dato importante que viene a romper un mito que ha creado bastante sufrimiento.

El orgasmo se ha convertido, hoy, en la unidad de medida de la satisfacción sexual. Es la meta. Lo que puede hacer que, si no nos damos cuenta, vayamos al encuentro sexual con anteojeras que nos impidan distraernos de ella. El río debe fluir recto a su destino, sin detenerse en ningún remanso por delicioso que sea.

Y esto puede hacer que nuestras relaciones se conviertan en una carrera para conseguir el premio final (además, final), en lugar de un vagar placentero y juguetón, disfrutando de cada momento, buscando el encuentro y el gozo compartido. Una carrera con etapas que ir logrando, lo que puede introducir elementos de ansiedad más que de placer. Se va a la cama a dar la talla como hombre o como mujer. Lo que parece importar son los rendimientos: ¿cuántos? ¿cuántas veces?, más la cantidad que la calidad.

Y si, además, el orgasmo no aparece se puede desencadenar un verdadero drama. Cuando una mujer viene a consulta por falta de orgasmo, su planteamiento no suele ser del tipo: «me han hablado de una forma de placer que no conozco, el orgasmo, y quiero descubrirlo e incluirlo en el abanico de formas de placer que conozco», sino desde el dolor y el sufrimiento, poniendo en duda, muchas veces, su valía como mujer, y no sólo en «la cama».

Descubrir si estamos adscrit@s incondicionalmente al modelo, haciendo de él la única forma de encuentro, con más o menos variación, puede darnos otra de las claves para entender la rutina o el desinterés. Si hacemos un paralelismo con las comidas, e imaginamos que, a partir de hoy, cada vez que tengamos hambre podremos disfrutar de nuestro plato favorito, para comer, cenar, desayunar, picar entre horas, etc., siempre el mismo, ese que nos encanta… ¿durante cuánto tiempo? Elaborar una amplia Carta de Placeres, donde además del menú del día podamos encontrar múltiples platos, desde los más sencillos hasta los más elaborados y originales, puede ser una «tarea» divertida y enriquecedora. Tal vez haya un momento para cada plato, y ¿quien mejor que nosotr@s para decidir cual es el más adecuado o el más apetecible?

Si no nos damos cuenta, podemos estar viviendo nuestras relaciones sexuales no desde nosotr@s mism@s, desde lo que nos gusta, lo que nos acerca y nos ayuda a la comunicación y al placer, sino desde modelos que se nos imponen y que nos dicen lo que tenemos que hacer, cuándo, de qué manera y con quién. Afortunadamente es este un tren al que un@ se puede subir en la estación que quiera. Toda la vida somos sexuad@s y en todo momento podemos ir haciendo para que nuestras relaciones sean más nuestras.

Cristina Corbella Cazalet
Asociación Sexológica GARAIA (Bilbo)


Obreros del Amor

Martes, 15 febrero, 2011 by

A todos que hemos cuestionado la verdadera esencia del amor y su funcionamiento nos va a encantar el libro de Laura Kipnis, que nos anima a rebelarnos contra la monogamia como código social normativo. Por cierto, la frecuencia de infidelidades hoy en día demuestra que el deseo no es algo que podemos superar con buenas intenciones sino que es algo que nos supera a la mayoría.  La metamorfosis del amor en nuestra sociedad parece inevitable: las mariposas en el estómago se convierten en un compromiso social, y esto nos lleva a asumir un contrato laboral en la cama y la relación, una obligación “anestésica, alienante, inalterable y estéril.” La historia del amor “moderno” se ha rodeado de reglas e imposiciones que nos condicionan a amar con sometimiento y sin libertad – la forma más reciente del trabajo alienado.

Videasta y estudiosa de la cultura, la pornografía y las relaciones amorosas, la norteamericana Laura Kipnis (1956) es profesora de la Universidad de Northwestern, Chicago. Su trabajo se enfoca en las intersecciones de lo público con la psique y el cuerpo. Escribe en las revistas Slate, Harper’s y The Nation, y ha publicado varios libros sobre el porno, el amor y la supuesta “condición de la mujer”.

Contra el amor, que adelantamos aquí,  denuncia la nefasta influencia de la ética laboral en las relaciones de pareja  y defiende el adulterio como práctica subversiva frente al régimen amoroso en la era postindustrial. Cuando el amor es el turno que sigue a las horas de oficina, toca rescatar al vago de la seducción y restituirle a la vida su sentido de aventura.

Kipnis argumenta que el adulterio es una forma de critica social de facto ante la insostenibilidad de la monogamia, de el credo de que el deseo debería persistir a través de las  decadas que puede durar una relación. Y de que si no lo hace,  deberías dejar de buscar satisfacción sexual, o “trabajar en ello”. No es que la monogamia en sí sea el problema. El problema son las condiciones de estado policial bajo las cuales consentimos vivir para complacer  la necesidad de seguridad del otro y que pedimos para quitarnos la inseguridad que el otro es tan infiel como la mayoría.

Se nos pide que nos comprometamos con el aburrimiento y la insatisfacción, y paguemos este precio por la estabilidad social. El problema viene cuando la monogamia no es un deseo, sino un sistema de cumplimiento en el que las parejas son como policías expertos en vigilancia. Pero la pregunta más interesante es si este tipo de vida privada nos prepara para ser mas mansos y nos condiciona para renunciar a otras luchas.

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Portada del 4º de la Colección Versus, de Tumbona EdicionesContra el amor

Laura Kipnis

En otros tiempos, los pensadores que solían rumiar los problemas de la sociedad, como Freud, postulaban un desajuste esencial entre nuestros instintos más profundos y los requerimientos del entorno. Esa discordancia pudo volvernos propensos a la neurosis, pero al menos garantizaba cierta resistencia a las demandas opresivas de la socialización. En ocasiones, la realidad laboral ofrecía motivos para insubordinarse: la lucha por mejores salarios y condiciones, desde luego, e incluso por una jornada más concisa. Eventualmente, el trabajo y el capital le dieron una tregua a la rutina de ocho horas. Sin embargo, si echas un vistazo a tu alrededor, comprobarás que dicha conquista se está desmoronando en este mismo instante, mientras lees. Los retrocesos están a la orden del día y no sólo en el aspecto laboral: en la medida en que dentro del terreno íntimo también haya una suerte de sobrexplotación de mano de obra y se nos exhorte a “trabajar en nuestra relación”, no hay quien no termine doblando turno.  O quizá deberíamos llamarla una integración vertical: la misma obligación de cumplir horas extra, la misma arbitrariedad en las directrices, la exigencia de buena presentación, las evaluaciones de actitud, los temidos exámenes anuales de desempeño y –cómo olvidarlo– el mandato de “alcanzar el orgasmo”.

Y recordemos que en los viejos tiempos la promesa del progreso tecnológico era que trabajaríamos menos. Hoy se trata de un concepto anticuado, tan extinto como el pájaro dodó y el sindicalismo. ¿Cómo no admirar un sistema cuya capacidad de engullir cualquier alternativa hace que una idea tan abyecta como “trabajar en pos del amor” suene encomiable? Checar tarjeta al entrar y al salir; hacer el intento de robarle un poco de amor a nuestros superiores cuando no estamos atareados excavando los pozos mineros de la vida doméstica. ¿O es al revés? Como indica el sociólogo Arlie Russell Hochschild, una de las principales razones de la ampliación subrepticia de la jornada oficial es que un importante segmento de los trabajadores se afana horas extra para eludir el regreso a casa. (No debe sorprendernos: el hogar se ha vuelto una ocupación tan tediosa y enervante que permanecer en la oficina es una forma de sosiego.)

Entonces, ¿en qué momento el desmedido quehacer doméstico califica como una violación a los derechos laborales y dónde podemos presentar una denuncia? ¿Debemos remitirnos directamente a la quintaesencia del sistema para hallar orientación? La fuente sería, por supuesto, Marx, poète maudit de la sociedad industrial, escasamente leído y a la vez denostado con prodigalidad, el personaje que tiempo atrás armó un alboroto a partir de una pregunta inocente: “¿Qué es una jornada de trabajo?” La interrogante constituye el núcleo de El capital (a Marx le tomó tres volúmenes dar con una respuesta). Como vemos, su perplejidad no ha perdido vigencia: ¿cuánto tenemos que trabajar antes de tomarnos un respiro y empezar a holgazanear, y aún cobrar un sueldo que nos permita vivir? Tal vez nos atañe más meditar lo siguiente: si en la era posindustrial la vida privada se traduce en vínculos que exigen un esfuerzo, si el amor es la forma más reciente de trabajo alienante, ¿sería apropiado releer la obra de Marx como instructivo matrimonial?

Lo que la gente parece olvidar acerca de Marx (absorta como está incriminándolo por tantas revoluciones fastidiosas) es que escribió con gran fuerza evocativa sobre los sentimientos. El sentimiento que genera la explotación, por ejemplo. El tema de los obreros sometidos, a quienes se les extrae hasta la última gota de sangre, aparece una y otra vez en su prosa ocurrente y mordaz, salpimentado con desproporcionadas metáforas góticas de torva muerte. La jornada laboral es un cementerio donde nos amenazan criaturas dantescas y espíritus necrófagos –saqueadores de tumbas provenientes del inframundo. El abuso crea monstruos enclenques; la maquinaria es una masa gigantesca y coagulada de actividad inánime. Los patrones son vampiros u hombres lobo, tan ávidos de arrancarles más y más trabajo a sus empleados a fin de saciar su infinita hambruna de ganancias que, si nadie hubiera batallado por el ciclo de ocho horas, la rutina se prolongaría indefinidamente convirtiéndonos en engendros tullidos, depositando tal sobrecarga de obligaciones sobre nuestros cuerpos abatidos que caeríamos muertos de consunción.

Es curioso que en la actualidad el frente doméstico esté signado por metáforas luctuosas: sexo mecánico, matrimonios muertos, maridos fríos y esposas frígidas. Entretanto, todos cumplen con las formalidades y guardan las apariencias. Probablemente tu deseo se haya apagado hace tiempo y tengas un anhelo primario y titubeante de “algo diferente”: sea como fuere estás atado a un contrato. Nada debe cambiar. ¿Por qué? Has vertido tanto de ti mismo en este artefacto –tu alma, tu historia– que le conferiste, paradójicamente, poderes mágicos. Así, las instituciones sociales (las fábricas que refiere El capital, pero también el amor) subsumen y dominan a sus artífices, quienes no pudieron preverlo, calcular pérdidas e impedir que su propia creación –una fuerza ajena y hostil– los avasallara. O al menos ése fue el diagnóstico que hizo Marx ante el advenimiento de la era industrial.

Una pregunta sombría, y sin respuesta a la vista, perdura en este contexto: ¿por qué tenemos que trabajar tan duro? ¿Es que no hay otra opción? Quizá sí la haya. Después de todo, el progreso tecnológico podría reducir el trabajo a un mínimo si la calidad de vida se instituyera como una meta social –si el objetivo del desarrollo consistiera en sacudirnos el yugo de la estrechez, en eximir a la infausta mayoría de la producción a destajo, en lugar de enriquecer de manera formidable a unos pocos. Obviamente, a más trabajo menor gratificación –una máxima irrefutable aun en el amor. En contraste, amotinarnos significaría –¡por lo menos!– alterar la estructura de nuestra existencia, sin mencionar que los credos enmohecidos de la ética laboral irían a parar al muladar de la historia. “Libera el tiempo y liberarás a la gente”, enunciaba el viejo eslogan de la lucha laboral. Sin embargo, desentrampar a las personas conlleva un riesgo social: quién sabe qué sublevaciones podrían emprender o cuáles serían sus próximas demandas.

Como debió haber inquirido Marx, si es que no lo hizo: “¿Por qué trabajar si puedes jugar y pajarear? ¿O si puedes ligar?” (La seducción puede volverse un asunto serio.) Una nota al pie ilustrativa en términos históricos: el propio Marx fue un adúltero pertinaz.

Puedes leerlo online aqui

Se puede amar a más de una persona, por naturaleza

Domingo, 14 noviembre, 2010 by

El ser humano tiene la posibilidad de sostener
múltiples relaciones afectivas sin sentir culpa o desdicha

ALINE JUÁREZ - La Gaceta de la UNAM

México – 8 de junio de 2009

Todo ser humano tiene la capacidad de amar a más de una persona, está en su naturaleza; lo anterior puede derivar en la posibilidad de tener múltiples relaciones afectivas sin sentir culpa o desdicha, así es el poliamor, explicó Rolando Díaz Loving, de la Facultad de Psicología.
De acuerdo con la filosofía de vida de los poliamorosos, las relaciones simultáneas en las que se encuentren deben ser tratadas abiertamente, y los integrantes de las mismas deben estar enterados que forman parte de ellas. Una de las características de los seres humanos es que son sociales y gregarios, necesitan de la presencia de otros para vivir, dijo.

El especialista en temas de pareja detalló que en ese contexto el amor puede ser demostrado no sólo a una, sino a varias personas, y el hecho de sentir afecto por una no debería afectar a las demás; en este caso hablamos de relaciones de pareja, sin especificar que sea heterosexual, homosexual o bisexual, simplemente vínculos en los que están involucrados adultos, señaló.
Según la página web poliamoria.com, los dos ingredientes esenciales de ese concepto son más de uno y amoroso, es decir, se espera que más de dos personas puedan, en un mismo tiempo, estar interconectadas sentimentalmente y prodigarse cuidado mutuo en dimensiones múltiples.
En el poliamor, el intercambio de pareja no implica engaño ni enamoramiento con las relaciones externas; no obstante, algunos activistas de esta corriente aceptan que muchos de los intercambiadores se involucran estrechamente hasta llegar a ser amigos y amantes regulares, añadió.
La diferencia entre swingers y poliamorosos es que los primeros comparten aspectos meramente sexuales y los segundos amor, aunque debe considerarse si ese sentimiento es asexuado o incluye actividad erótica, porque si es simplemente afecto también abarca los nexos con amigos, familia o vecinos, abundó.

Reglas

Díaz Loving reconoció que las reglas de cómo desarrollar relaciones, cuánto duran y con quiénes se hacen, han derivado más de procesos sociales que evolutivos, pues de acuerdo con la psicología evolutiva, el enamoramiento dura tres meses y el apego tres años.
En este sentido, uno de los conflictos ha sido cómo lograr que el amor dure toda la vida y para ello se creó el matrimonio; sin embargo, en la actualidad empieza a abrirse el crisol a todo tipo de formatos y relaciones; de ahí deriva el poliamor. Aparentemente, el potencial de amar a varias personas es una característica que mueve a toda la humanidad, el problema se presenta cuando los receptores interpretan que ese sentimiento no es profundo, grandioso y para toda la vida si es repartido, precisó.
Los que prodigan ese sentimiento aseguran que pueden repartirlo a todo el mundo, mientras que los que reciben son los más quejumbrosos, bajo el siguiente concepto: si amas a más, entonces a mí no me quieres como quisiera que lo hicieras, subrayó el académico.

Infidelidad

En cuanto a la infidelidad, comentó que dentro del poliamor debería ser un precepto inexistente. El término fidelidad refiere el respeto a una regla; si en relaciones de pareja la norma es exclusividad, entonces cualquier conducta que rompa con ella sería considerada promiscuidad.
Ese quebrantamiento puede ser emocional y sexual. Los varones se preocupan más por el erotismo, mientras que para las mujeres es más agresivo el enamoramiento; estas situaciones tienen que ver con la creación de reglas de propiedad privada, precisó.
El poliamor no es frecuente en México, es más recurrido en regiones individualistas; en culturas donde la colectividad y la familia son importantes, no es común, especificó.

Responsabilidad

Por último, detalló que para aplicar esa filosofía responsablemente debe existir un conocimiento referente, pues cuando los jóvenes reciben información y formación se hacen responsables de sus actos, sentimientos y sexualidad. Si se ingresa a este tipo de relaciones por moda, se corre el riesgo de experimentar situaciones desagradables.

de La Gaya Ciencia – Friedrich Nietzsche

Miércoles, 20 octubre, 2010 by

Codicia y amor, ¡qué sentimientos y cuántas diferencias nos sugieren cada uno de estos términos! Y, sin embargo, podría ocurrir que se tratara del mismo impulso, pero designado de dos modos distintos; o bien de forma calumniosa desde el punto de vista de los saciados, para quienes este impulso ha tenido ya alguna satisfacción y que temen perder lo que “tienen”; o bien desde la perspectiva de los insatisfechos, de los ávidos, que glorifican consiguientemente dicho impulso porque lo consideran “bueno”. ¿No es nuestro amor al prójimo un impulso a adquirir una nueva propiedad? ¿No sucede lo mismo con nuestro amor al conocimiento, a la verdad y, por lo general, con todo impulso hacia nuevas realidades? Cansados poco a poco de lo antiguo, de lo que poseemos con seguridad, extendemos las manos para recibir lo nuevo; ni siquiera el paisaje más hermoso en el que acabamos de pasar tres meses está completamente seguro de nuestro amor, pues un horizonte más lejano excita nuestras ansias. Es que generalmente despreciamos el bien poseído por el hecho mismo de la posesión.

Nuestra autosatisfacción trata de ser tan intensa que continuamente está convirtiendo cualquier cosa nueva en parte de nosotros mismos -y en esto consiste la posesión-. Estar harto de una posesión equivale a estar harto de uno mismo (se puede sufrir también por estar demasiado lleno; es el deseo de rechazar, de compartir, que puede encubrirse con el nombre honorable de “amor”). Cuando vemos sufrir a alguien, comprendemos gustosamente que se nos ofrece la oportunidad de apoderarnos de él; es lo que hace, por ejemplo, él hombre caritativo y compasivo, que también llama “amor” al deseo de una nueva posesión, encontrando placer en ello tanto como con la llamada a una nueva conquista. Pero donde se revela más claramente que el amor constituye un impulso que incita a apropiarnos de un bien es en el amor sexual; el amante quiere poseer en exclusiva a la persona que desea, quiere ejercer un poder exclusivo tanto sobre su alma como sobre su cuerpo, quiere ser amado por esa persona con exclusión de cualquier otra, permanecer en ese alma y dominarla como si esto fuera para dicha persona su más supremo y deseable bien. Si consideramos que todo esto representa nada menos que privar al resto del mundo del regocijo de un bien y de una felicidad preciosa, que el amante trata de reducir al empobrecimiento y a la privación a todos los demás contendientes y que sólo aspira a convertirse en el dragón de su tesoro, en el “conquistador”, en el explotador más egoísta y carente de escrúpulos y que, a sus propios ojos, el mundo entero resulta indiferente, descolorido y sin valor, estando dispuesto a sacrificarlo todo, a alterar no importa qué orden, a pisotear cualquier otro interés, nos asombraremos, entonces, de que esta avidez y esta injusticia salvaje del amor sexual hayan podido ser ensalzadas y divinizadas hasta ese punto en todas las épocas; nos asombraremos de que de esta clase de amor se haya llegado a extraer incluso el concepto de amor como lo contrario al egoísmo, cuando de lo que se trata es de la manifestación más desenfrenada de este último. Parece que quienes han creado las expresiones usuales del lenguaje en este terreno han sido los no poseedores, los insaciables -que sin duda constituyeron siempre un grupo demasiado numeroso-. Respecto a quienes la suerte había reservado, en este campo, mucha posesión y satisfacción, han dejado escapar indudablemente aquí y allá alguna palabra contra este “demonio furioso”, como es el caso de Sófocles, el más amable y amado de los atenienses. Con todo, Eros se ha burlado siempre de estos blasfemos -que fueron precisamente sus mayores favoritos-. Ahora bien, podemos encontrar sin duda en la tierra una especie de prolongación del amor en el curso del cual esta codicia ávida y recíproca entre dos personas ha retrocedido ante un ansia nueva, un anhelo nuevo, una sed superior y común de un ideal que los supera; pero, ¿quién conoce este amor?, ¿quién lo ha experimentado? Su verdadero nombre es amistad.

- 1882 – La Gaya Ciencia – Friedrich Nietzsche

Entrevistas en la Televisión

Lunes, 24 mayo, 2010 by

Es una entrevista de media hora. Diana, Sergio, y Israel son una trieja de poliamorosos Méxicanos. En el momento de la entrevista, llevan 5 años juntas como trieja.

Tambien hay otro reportaje de 5 minutos en el Universal:

Cortas entrevistas con Julieta, Roland, Lauren, una trieja de extranjeros que viven en Cataluña, y Kimberly y Sergio, una pareja que tienen una relación primaria abierta a la posibilidad de relaciones secundarias:


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